No es que me moleste, es tan sólo como si ya no me quedara, como si tratara de ponerme nuevamente el uniforme usado en la primaria. Hay costumbres que vamos perdiendo, se van quedando, enterradas, en las zanjas de la causalidad. Cuatro personas conviviendo ad infinitum me parece tan complicado, tan ajeno: una costumbre perdida, que se me cayó del cuerpo como una piel vieja que necesitara mudar. Ellos lo entienden y entonces se vuelve más evidente que esa piel cuarteada ya no me pertenece.
No es la tristeza, es la certidumbre. El domus ha cambiado de lugar, ya no se divide en dos. En el domus ya sólo hay espacio para mí y para el humo de mis cigarros. Igual podría hacer un pequeño lugar para alguien más.
Sonando: "To Talk to You" con PJ Harvey
Las costumbres perdidas
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Etiquetas: El mundo y yo, Era diferente cuando joven, Familia
Perdón
Estaba pasando las cosas de mi vieja y mi viejísima cartera a mi súper viejisisísima cartera renovada y, en alguna de las tres, me encontré un par de notas tuyas en papelitos amarillos. Me acordé de las tardes lluviosas, de mis pies descalzos sobre tu silla, de mis dos tomos de la obra de Pablo Neruda y las lecturas aleatorias de la Residencia en la tierra, de como ponías música y nos quedábamos quietos, como siendo testigos de algo maravilloso e irrepetible. De cómo esperábamos deshaciéndonos de ganas que se desgranara el cielo para salir a la lluvia y regresar temblando de frío a ponernos la pijama y ver una película, de tu cama individual que nos hacía dormir pegaditos. Tal vez no te lo dije, tal vez me pareció cínico decírtelo: fui ridícula y absurdamente feliz contigo.
Hay algo en tu recuerdo que me duele quieta y constantemente, algo que no puedo quitarme de la cabeza, que me acosa. Siento que me quedé con tus tripas enrolladas en mis manos, que fui como una niña pequeña y torpe que no supo como había que cuidarte, espero que me perdones.
Permíteme aquí una adaptación: debiste haber llegado 5 años antes o 5 años después, pero llegaste en el momento exacto.
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Etiquetas: Bien pinche rara, Cuestiones amorosas
Manía
Tengo la manía de arrancarme las costras justo cuando están por sanar. Mientras más duela mejor. Estoy asqueada
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Etiquetas: Basura, Me siento miserable
Dos recuerdos que es mejor congelar ahora
Estos son recuerdos aislados y hermosos. Están en este blog porque tengo miedo de perderlos de pronto y creer que son inventos para no sentirse miserable. Eso es triste.
- Guanajuato, caminábamos por la calle escuchando Manu Chao en tu ipod. Nos refugiamos de la lluvia en un puente que olía a orines, pero no importaba. Por la tarde, después de una siesta larga y reparadora, nos quedamos a media luz en la habitación, muy juntos, hablando. Y eras cariñoso y yo me sentía terriblemente bien. "Eres la persona más importante en mí vida" me dijiste y se me llenaron los ojos de lágrimas. Te amaba sorda y profundamente, aún con hambre, con mariposas. El dolor no existía en esa pequeña habitación. Fue un viaje grandioso y necesito congelarlo ahora para no olvidarlo. Para saber que fue.
- Salíamos de una función de circo a la que nos metimos por ocio y por morbo. Había charcos en el suelo. Me detuve a comprar un esquite, un hombre borracho nos dijo que él trabajaba de payaso en el circo pero que hoy se le había hecho tarde para la función. Y aunque el escenario era triste y flotaba un algo que me erizaba la piel de terror y angustia, recuerdo tu mano ayudándome a brincar un charco enorme. Te recuerdo manejando de regreso y me recuerdo con una felicidad dentro.
También hay algo que me causa rabia en estos recuerdos.
Sonando: "No te pongas azul" con Sumo
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Etiquetas: Barras de bar vertederos diamor, Post que no precisamente pertenece a este blog
No haremos tragedia
Pero algo se murió hoy. Bien muerto.
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Etiquetas: Cosas que me ponen chillona
Manquer
Me doy cuenta qué es ésta cosa que me pesa tan adentro: extraño una vida que nunca he tenido. Una vida donde puedo dormir bien y me alimento sanamente, una vida que se siente tímida en el vientre.
Y a ratos me siento inmensamente feliz al estar sentada en la banqueta fumando y tomando un boing de mango. Y me conmuevo ante la belleza de mi juventud y de los charcos estancados que reflejan los señalamientos viales. Pero de un momento a otro vendrá la sensación de estar extrañando. Manquer se dice en francés y me parece más acertada que el extrañar del castellano ligada a lo paranormal, manquer, carecer. Además, me suena a manco, a la mano que falta, que nos amputaron sin que nos diéramos cuenta y en la que aún sentimos cosquillas.
No es que no me hubiera esperado esta vida, eso es lo más triste. Recuerdo cuando hace varios años, aún adolescente, me planteaba dónde me veía en algunos años, la imagen era clara: la computadora encendida, la pila de cigarrillos, las ojeras, la soledad. Tal vez fue esa imagen ya creada la que me llevó a lo que soy. Tal vez tontamente veía una estética en ello y ahora no puedo salir del cuadro terrible.
Imagen de la vida que extraño y que no viví:
Hay un hermoso suelo de duela clara y ahí está mi cuerpo echado sobre un sofá al que le pega un sol brillante, veo mis pies descalzos. Hay un tocadiscos y suena música hermosa que me es ajena. Estoy tranquila y estoy feliz, siento la tibieza invadiéndome el vientre(y no es ni por la duela, ni por el sofá, ni por el tocadiscos. Ni siquiera por la música).
Como ésta hay tantas imágenes de esa vida que extraño larga y dolorosamente, que siento que me quitaron desde antes la concepción. Ojalá pudiera recuperarla.
Sonando: "National Talk Like a Pirate Day" con Lambchop
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Etiquetas: Bien pinche rara, Cosas que me ponen chillona, Era diferente cuando joven
Quédate a dormir
Dices la frase y me prometes desayuno. Estoy en mi casa, las manos huelen a tí, a tu cuello al que me enredé con la inocencia de antaño. Nos besamos con los labios cerrados y la punta de mi lengua humedeció los tuyos como tratando de erradicar nuestro modo simplón de relacionarnos. Tu modo extraño de concebir lo sensual.
-Quédate a dormir. -Dices, y yo siento que algo se colapsa dentro de mí, porque me encantaría quedarme y que me hicieras el desayuno, aunque yo no desayuno ni por error. Pero sé que lo ofreces porque sabes de antemano que no me voy a quedar, que aquí no puedo quedarme.
-Tienes que venir a visitarme. -Respondo, y te digo que ahí sí pasamos la noche juntos sin problemas de índole social (pienso en tu hermano durmiendo en el piso de arriba, pienso en la incómoda mañana recogiendo mis cosas y yéndome despacio para no levantar a nadie)
Tengo órganos frágiles, pero este no es el caso. No siento las tripas brincándome cuando pones tu brazo al rededor de mi cuello y pellizcas mi oreja.
- Soy un zoólogo con interés en el ser humano. -Dijiste, y yo me siento así contigo. Alguna vez pude quererte, pero era yo una niña boba que creía todo lo que veía por televisión. Ahora es sólo una curiosidad, unas ganas de terminar lo inconcluso. Un instinto animal -tú zoólogo, entenderás- que me obliga a acurrucarme contra tu cuerpo y pegar mi nariz en tu cuello, mis manos (que huelen a ti).
- A veces pienso que me usas, sabes que puedes hacer lo que quieras conmigo. - Y siento la sonrisa explotándome en las mejillas y tengo ganas de arrojarme sobre ti y decirte que tratemos algo, que puedo aprender a quererte. Pero sé que eso ya no es lo que quiero, que ahora debo de querer primero antes de prometer cosas que no siempre puedo cumplir.
Me hubiera encantado quedarme a dormir, tratar de empezar algo -continuar con algo dejado hace muchos años-, pero te veo tan igual; eres el mismo chiquillo de 15 años que en un ataque de nervios me preguntó si quería ser su novia.
-Un cigarro y me voy
-No, un cigarro y subimos a mi cama y dormimos juntos y mañana te hago un desayuno estupendo.
Esa, estimado compañero, es la bala más difícil que he esquivado en mucho tiempo. Me has dado con un arma mortal.
No hay frase más hermosa que la invitación al sueño. Nada más triste que rechazarla, regresar a casa y dormir en una cama grande y eterna.
Sonando: "Like Someone in Love" con Björk
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